2011 XL Ruta de Bentejuí

40 AÑOS EN ALZADA RUTA

 

Se dice pronto…”, en el contar de nuestra gente, es más de media vida para muchos, y se nos ha hecho poco para con aquellos que ya echamos de menos. Y es a ellos que queremos recordar, no sin antes citar a algunos, por suerte vivos, a los que también merita el reconocerles su quehacer a favor de la Ruta de Bentejuí.

Encarna Artiles, otra rutera desde antaño, nos empuja a recordar del pasado, y nos tememos mucho que dejaremos nombres y anécdotas atrás, por mor de la mala memoria, pero tenemos que intentar recordar cuanti más posible. Por ello yo pegaría con su compañero Jesús Cantero Sarmiento que a la zorrúa nos fue embarcando y contagiando a tantos, en estas y en otras caminatas por la geografía etnográfica de nuestra identidad como pueblo.

Él nos inoculó la idea de la Ruta de Bentejuí sin inmunología posible, y por él sabemos lo de que en el año de 1967, desde la Fortaleza del Bentayga salieron tres “montañeros” para reunirse en El Refugio del Gran Canaria con otros trece, con quienes terminaron la primera Ruta en La Fortaleza Chica. Hay que recordar que en abril de 1979, el Grupo Montañero Gran Canaria, siendo Humberto Hernández Sosa su presidente, nos pasó el testigo de la Ruta de Bentejuí,

Antes, entre el 1973 y 1978, la habíamos hecho, estando de presidente entre otros, Antonio Juan Machín Peñate, con quien yendo de primero, escalamos el Bentayga para fotografiar el centenario pino que corona sus alturas, y que las crónicas ya lo situaban allí junto con aquella «fuente que no se les podía estorbar.» Aprovechamos aquí para hacer hincapié en la necesidad de un estudio técnico de este pino, del que hoy  vemos sólo una gruesa rama que crece, creo recordar,  en dirección a La Aldea. Del tronco principal no queda más que el tocón que la tormenta y con ella posiblemente un rayo, nos lo dejaron casi a ras del suelo. De él nació la fuerte rama que nos da fe y ejemplo de resistencia a la adversidad, en los más de quinientos años pasados.

Dada la constitución geológica del Roque, nos parece que era el pino el responsable del ordeño de las nubes que hacían posible la captación de agua de aquella fuente, que les permitió resistir el asedio a nuestros antepasados, hace unas 20 generaciones.

 

 

Manolo Cardona, otro pionero en el caminar por nuestras cumbres, aportó su habilidad en el dibujo de carteles, camisetas y en la primera descripción gráfica del recorrido de la Ruta.

Quico Naranjo, también andó La Ruta más de una vez, bajo aquel gorro tricolor de arriesgada exhibición, en momentos en que la bandera canaria era mal vista.

Carlos Ramírez ha sido otro colaborador que es preciso nombrar, porque durante muchas ediciones de La Ruta ha aportado su furgón y muy eficazmente su trabajo. Recordamos cuando se dislocó una rodilla en el Cañadón del Jierro y él mismo se la recolocó y continúo marcha hasta Agualatente.

La Jurria Guanil con los hermanos, Ramón y Miguel, y los inseparables Santi y Bili, han participado en la conducción de la Ruta durante muchas ediciones.

Juan Quintana y su equipo, vienen desde hace años prestando una participación muy especial y siempre en una misma destacada línea, que merita ser resaltada.

Recordamos el entusiasmo de Carmita la Rubia, que con zapatos de tacón cumplió con su Ruta. Fue nuestra Carmita, la responsable de que en una salida desde el Parque Doramas, la policía nos organizara, banderas al viento, en manifestación al Gobierno Civil. Pero esta anécdota la contaremos en otro aparte.

Nos congratulamos desde aquí de haber tenido con nosotros, colaborando con la Ruta, a Antonio Corujo El Barbero Trovador, a Yeray, a las jarcas de Tenerife y La Palma y especialmente a nuestra muy querida Poetisa, Cuentacuentos, Maestra y no menos gran persona Josefa Rodríguez Silvera, pa quienes tanto la queremos Pepa Aurora. Justo es que recordemos aquí también a Jesús, su inseparable compañero y para nosotros tan persona querida como ella.

Del compañero José Martín Feo precisamos mencionar, su esmerada capacidad organizativa y entrega a la consecución de La Ruta de Bentejuí, que ha quedado patente durante muchos años. Pepe Martín ha sido uno de los puntales más valiosos que nuestra Ruta ha tenido. Algunos de los últimos carteles son reproducciones de su esmerada y divulgadora colección de cuadros sobre petroglifos canarios.

Y dentro de los participantes de la Ruta que se han ido, recordamos con simpatía a Mr. John Dolly, sexagenario inglés que durante varios años y hasta su fallecimiento, se unía a nosotros en las salidas del domingo, para bajar el Cañadón del Jierro.

Se hacen muchos ya los puntales de La Ruta que se nos han ido, dejando un recuerdo de entusiasmo en la organización, y solidaridad con los ruteros durante el pateo, especialmente en aquellos principios en que se llevaban las mochilas y casetas durante todo el recorrido, y con mucha frecuencia había que cargar con varias de las de quienes se nos quedaban atrás.

Entre esos puntales, hay que nombrar a Oswaldo Rodríguez, por muchos conocido como Tito Estinga, que fue de los de la punta alante desde casi los principios de la Ruta. Físicamente, quien no lo conocía diría de él que era poquita cosa, las piernillas flacas no aparentaban poder con las botas de montaña con que marcaba las dos menos diez en su andar, mientras guiaba la larga fila multicolor, tocado con su gorra de pompón y orejeras, que lo asemejaban a un gnomo aparecido de entre la bruma en mitad del Cañadón del Jierro. Esa apariencia de poquita cosa, y su coña continua, no dejaban entrever su resistencia en el caminar, ni su incansable enamorar.

La Ruta para él, era campo de veda abierta. Palomero desde nuevito, debió aprender de los palomos buchúos, su arte en el currucutú, pues a su coñona y rápida risa de caña rajada, unía su incansable labia, con la que arrullaba un dejamentrar que a ellas embelesaba y a nosotros dejaba atónitos. Tito Estinga, es de los de su generación que más ligó, dentro y fuera de la Ruta, y quien diga lo contrario, miente o no le cogía los güiros. Lo recordamos con frecuencia y mucho afecto, los que con él participamos en la creación de la Comisión de Arqueología de ‘El Museo Canario’, el Beñesmén en el Barranco de Guayadeque y el estudio de sus yacimientos,  el audiovisual ‘Tamarán la Gran Canaria’ (donde a punto estuvo de ser ensartado por la espada de un iracundo castellano, jarto de sus insultos y pedradas ladera abajo); también, el corto de Valcárcel, en el que hacía de escribano con pantalones de terciopelo rojo y su inseparable gorro madeirense.

Con mucho cariño tenemos presente a Juan Arroyo, trabajador incansable en todo cuanto hubiera que hacer por la Ruta o por nuestra tierra; su trágica  muerte nos privó de un puntal importante.

Muy presente en nuestro afecto y reconocimiento, está Tomás Chávez Mesa, el anciano poeta que con alpargatas, entre tanta bota de montaña, se hizo la Ruta con una taleguita por mochila, y el extrovertido fervor del cumplimiento de un deber para con la lucha de su pueblo y la memoria de sus antepasados. Junto a Tomás, como a Juan Valiente, recordamos a Miguel El Frutero, a José Manuel Motas, al siempre abanderado e incansable Raico y a tantos otros, que la desleal memoria nos oculta en estos momentos.

Miguel Ramos, del que también sentimos mucho su fallecimiento el pasado mes de octubre de 2010, muy querido por cuantos tuvimos la suerte de tratarlo, fue otro entusiasta de la Ruta.

Se nos quedan compañeros por mencionar, por lo que se hace necesario que se aporten sus nombres para que sean recordados en futuras ediciones.

También hemos de mencionar a los cientos, miles, unos 7.000 entre hembras y varones, grandes y chinijos, que han participado en la Ruta, y cuyo entusiasmo ha contribuido a que varias generaciones de, hijos de todas las Islas, y algunos adoptados, como Pilar López, mantuviésemos viva esa llama de nuestra identidad.

        Solidaridad Canaria se siente gratamente obligada a reconocer que el entusiasmo y trabajo de cuantos hemos mencionado y los muchos que han quedado sin mencionar, ha hecho posible que la Ruta de Bentejuí, siempre celebrada en honor de nuestro Heroico y Último Guanarteme, deje de ser un episodio intencionadamente tergiversado y ocultado, pasando a  significar un hito principal y referente de nuestra lucha anticolonial.

Sobre esta base, hemos de comprometernos a continuar combatiendo todo atisbo de manipulaciones, mal uso, etcétera, que puedan distorsionar, en lo más mínimo, su esencia.