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2015 XLIV Ruta de Bentejuí

 

Libreto XLIV Ruta de Bentejuí

XLIV  RUTA  DE  BENTEJUÍ

25 – 26 de Abril.  2015

PROSPECCIONES:

DEPENDENTISMO CONTRA NUESTRA SOBERANÍA ENERGÉTICA

 

 

 

 

 

Recordando a Bonifacio Santos Herrera

Dentro de los muchos nombres de nuestra gente silenciados por la situación colonial del Archipiélago Canario, tenemos el de “Manolo el gomero”, luchador por la independencia de su tierra, que se exiló para evitar la vejación de las cárceles españolas y cuya memoria hemos de rescatar.

Parte de su recuerdo se ha iniciado de forma entrañable en notas y letras con la música de Féloche, porque el que bien siembra buena cosecha recoge.

Desde aquí manifestamos nuestra satisfacción por su iniciativa y muy especialmente por la del CEO de Hermigua con la que profesores y alumnos rescataron del silencio de la distancia, el recuerdo del patriota emigrado a cuya memoria dedicamos esta XLIV Ruta de Bentejuí.

            Cuando me llamaron desde La Gomera para invitarme a colaborar en la adaptación al español de la canción “SILBO” de Féloche se abrió para mí una de las páginas más hermosas que he vivido en torno a la música.  He podido conocer personalmente a vecinos y familiares de Bonifacio Santos Herrera, a compañeros de militancia y presidio, a un hijo biológico y a su ahijado Féloche.  En cada uno de ellos he recogido siempre una profunda dosis de cariño y admiración por Bonifacio.

            A petición de los organizadores de la XLIV Ruta de Bentejuí 2015, permítanme compartir con Uds mi admiración por este hombre, como “maestro de silbo”.  Tengo la sensación de que nos encontramos ante quien quizá haya sido el primer “maestro silbador” de la nueva era.  Cuando digo la nueva era me refiero a este período en el que el Silbo Gomero, ya casi había desaparecido del ámbito natural en el que se desenvolvió durante siglos; la casa, el campo o el ganado… y dio el salto sustancial para ingresar en el ámbito educativo en un proceso feliz que lo llevo a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

            Durante una década tuve el privilegio de participar en este proceso de la mano, junto a otros, de dos de sus protagonistas fundamentales; los maestros silbadores D. Isidro Ortiz y D. Lino Rodríguez.  Ellos, serían los primeros gomeros que, de forma sistemática, ya no enseñarían únicamente en su casa a sus propios hijos para solucionar ciertos problemas de comunicación derivados de las distancias…  Ellos salieron de sus casas durante años y acudieron a las escuelas a enseñar a los hijos de toda La Gomera, con el convencimiento de que estaban compartiendo un bien cultural de gran valor, al margen de si algún día les resultaría más o menos útil en su vida cotidiana.

            Y cuando ya creíamos que la sabíamos todo sobre este proceso, casi por casualidad, emerge la figura de alguien que había hecho esta misma labor, unos años antes, nada menos que en Francia.  ¡Vale que el niño, aunque no fuera su hijo, era el hijo de su compañera!, pero… ¡qué utilidad real podría suponer en la vida diaria de aquel niño de 10 años, el lenguaje silbado que le estaba enseñando Bonifacio, a las afueras de París?…

            Precisamente en Francia, en aquellos años iban muriendo uno a uno la última generación de silbadores del valle de Aas, llevándose su patrimonio ¿de siglos quizá? A la tumba.  Parece ser que llegaron a convencerse de que semejante herencia era de muy poco valor como para dejársela a sus hijos, poniendo fin así a una de las pocas formas de lenguaje silbado existentes en el mundo, junto al Silbo Gomero.

            Los franceses dejaban morir su silbo, al tiempo que Bonifacio enseñaba Silbo Gomero a un niño francés… y el niño se hizo grande y creó una canción que está volviendo locos a los franceses, hablándoles de una isla-paraíso realmente existente, donde las gentes “hablan como los pájaros”… Y es así que, en la última Gala de los Premios de la Música en Francia, ante 4000 personas en directo y ante varios millones de franceses que la seguían por la TV se volvió a escuchar a dos personas comunicándose, silbando en francés y en español… y lo que se oía era un Silbo Gomero, más Patrimonio de la Humanidad que nunca.

            Bonifacio es el “maestro silbador” que nunca se tragó las mentiras del imperio y eligió dar continuidad en sus hijos a LA PALABRA recibida de sus mayores haciendo “que corra la voz” a los largo de los siglos.

            Para cerrar este escrito les propongo una “coreografía”; recordaremos las mismas palabras con que Féloche despide su canción:

 

“Hoy vuelvo a ser aquel niño y al viento silbaré

Las dos palabras que guardé y hoy te invocan…

            Y en este momento, todos aquellos silbadores que seguro que hay entre Uds lanzan dos silbos potentes:….”¡GOMEROOOOOO!”… “¡BONIFACIOOOOO!” y se hace el silencio…  y cerramos los ojos y si escuchamos atentamente, oirán seguro, entonces como desde el fondo del barranco y de los tiempos nos contesta Bonifacio con su silbo claro y rotundo diciendo:

¡ATIS  TIRMAAAAAAAAA!

 

Rogelio Botanz Parra

                                                                                                                         La Laguna

A 19 de abril de 2015

            Estas son algunas de las cosas que Féloche ha dicho sobre Bonifacio y que son públicas, de modo que no creo que debamos tener su consentimiento expreso para utilizarlas… están en internet.

            “Bonifacio Santos Herrera fue un padre para mí cuando era un muchachito de 7 a 14 años…  Nació en Las Rosas, en La Gomera.  Cuando llegó a Francia, se enamoró de mi mamá.  Vivíamos en Clichy (suburbio de París).  Es el que me enseñó el silbo, la lucha canaria y muchas otras cosas sobre la cultura isleña.

            Bonifacio me hablaba siempre de La Gomera; y La Gomera se convirtió para mí desde pequeño en mi paraíso.

            Un día, durante las vacaciones, viajé solo a visitar a la familia de Bonifacio; tenía entonces 11 años y no hablaba ni siquiera español.  Aquel viaje es uno de los recuerdos más bonitos de mi vida.  No había ni tele, ni “PlayStation”; entonces jugábamos a correr en el monte, a jalar por la barbita de la cabra o a silbar en el viento.

            A partir de ahí, hice la canción “Silbo” para rendir un homenaje a Bonifacio, la persona más bella que encontré en mi vida, y para expresar los magníficos recuerdos de aquellas vacaciones de verano de mis once años en Las Rosas.

            Bonifacio tuvo que huir de La Gomera para Francia porque era militante independentista y la policía lo estaba buscando.  Un día la policía francesa quiso devolverlo a la policía española en 1988, y se fue para los Estados Unidos…  Lo visité una vez… Murió en Nueva York,,, 2009”

 

  BONIFACIO SANTOS HERRERA

14 MAI 1946 – FIN DÉCEMBRE 2009

 

BONIFACIO,  EL GOMERO

            Yo le creía invencible, su muerte me sorprendió.  Su muerte nos ha espantado a todos.

Aún estoy de luto por Bonifacio.  Es como si hubiera regresado.

En primavera de 2012 Félix escribe la canción “El Silbo”.  Estoy conmovida, tan trastornada.

En agosto de 2012 comienzan los incendios en La Gomera.  Yo veo las noticias en televisión, en el internet: estoy aterrorizada.  Bonifacio me tenía al tanto de Garajonay

¿Era necesario que se quemara la Gomera para que se hable de ella? o ¿era la cólera de Bonifacio?

Quisiera hablarles de Bonifacio cuando él vivía en Francia.  Cuando conocí a Bonifacio, estaba en Francia desde algunos meses.  Trabajaba en un restaurante español en Clichy-la-Garenne que está a 500 metros de París.  Vivía en un cuarto que estaba encima del restaurante.  Yo estaba sorprendida que el ya conocía mucha gente.  Más que yo.  Cuando me enteré de su muerte, me volví a encontrar con toda la gente que él había conocido.  Todo el mundo se recordaba de él, todos estaban afectados y tristes de su desaparición.

¿Cómo conocí a Bonifacio?

Fue algo bien natural, pero sin duda no fue por casualidad.  Estaba con un amigo en la terraza de un café (Le Regalía, en la calle Jean Jaures).  Ordenamos bebidas y emparedados.  Cuando el emparedado llegó a la mesa, no podía creer lo que estaban viendo mis ojos.  Fue el mayor emparedado que yo había visto.  Adentro, había de todo: crudeza, pollo, queso, salsa.  Era una obra maestra.  Lo pruebo lentamente: es una delicia.  Al fin pago, pero antes que me vaya, pregunto al jefe del café “¿quién hizo ese emparedado?” Me dice: “Espere un momento, le busco la persona”.

Un hombre llega delante de mí.  Es Bonifacio.  Le agradezco mucho y le felicito.  Le miro, me intriga mucho.  Me doy cuenta que no habla francés.  No logro situarlo.  Pero: ¿de dónde viene?  Nunca he visto un hombre como tal: su pelo y sus ojos son claros, su piel es dorada.  Es bien plantado en sus piernas.  Es naturalmente musculoso, tiene una cara de seriedad pero a pesar de su mirada desconfiada, puedo ver un rayo de bondad infinita.  Le pregunto de donde viene.

Me da una única respuesta, como si fuera un tiro: “Islas Canarias”.  De una manera sorprendida e ingenua le respondo: “en mi mente pensaba que solo había hoteles de lujo en las Canarias” (es tonto de mi parte, yo sé…)  Nos presentamos, le saludo y me voy.

En esa época yo vivía sola con Félix desde los dos años.  Estaba divorciada.  Félix tenía seis o siete años.  Un poco más tarde de ese “famoso emparedado”, yo vi a Bonifacio por casualidad.  Era un sábado, estaba haciendo compras en el mercado.  Yo cargaba paquetes bastante pesados.  Cuando de repente siento que alguien me quita las dos mochilas de la espalda.  Me viro y me doy cuenta que es Bonifacio.  Amablemente, me acompaña hasta mi apartamento, llevando mis paquetes.  Esa delicadeza me encanta.  Antes que se fuera, logrea explicarme que cada sábado en la noche, músicos tocan música en su restaurante, y le gustaría que los visitara.

En la noche misma estaba en proceso de decidirme.  Nunca había dejado a Félix sólo, pero esta noche, lo dejaré una hora, cuando duerma.  Entonces llego al restaurante, la fiesta pasa en el sótano.  Me siento en una mesa.  Dos minutos más tarde, alguien me trae un “cuba libre” de parte de Bonifacio.  Estoy sorprendida.  La música sur-americana es buena, no me aburro.  Una hora más tarde me levanto, para irme.  Pregunto por Bonifacio para así agradecerle personalmente.  Llega e insiste para acompañarme a mi apartamento: no quiere que me vaya sola.  Llegamos frente a mi apartamento, me saluda y se va.  Me dejó pasmada: no trata de ir más lejos.  ¡Es un caballero de verdad! No hay ningún hombre que se comporte así en Francia, con tanta delicadeza.  Así era Bonifacio.  Ya lo amaba.

Un día, lo invité para cenar conmigo.  Me contó su historia:

  • Su profesión de artificiero
  • Su causa: “la independencia de Canarias”
  • Su presencia en Francia
  • Y toda su cultura Guanche

Recuerdo que esa noche duró toda la noche. Había tantas cosas que contar.  Tomó tiempo.  No hablaba español, él no hablaba francés pero nos entendimos.  Todavía no sé cómo…

Pues, venía más y más a casa.  Félix lo adoraba.  Bonifacio cocinaba todo el tiempo: su comida era deliciosa.  Lo presenté a mis amigos.  Lo apreciaban y lo respetaban porque era auténtico, inteligente y generoso.  Jugaba mucho con Félix.  Lo llevaba en su mano subiendo las escaleras.  Yo vivía en el cuarto piso.  Su fuerza era impresionante.  A Félix le gustaba disfrazarse, escribir y actuar en representaciones: Bonifacio adoptó la creatividad de Félix.  Era precioso verlos así.  Félix estaba orgulloso de Bonifacio, en compañía de sus amigos.  Igual que yo, Félix le enseñaba a hablar francés.  Bonifacio le enseñaba a silbar, comer el mojo picante, comer con las manos sin tenedor, jugar pelota o la lucha canaria.  Los niños jugaban a ser vaqueros e indios, los indios de Félix eran los Guanches.

Bonifacio era clandestino, necesitaba papeles.  Busqué para él, el mejor abobado, el que defendía a los asilados políticos, los vascos en particular.  El abogado era el señor Iogna-Prat.  Ese abogado le obtuvo el estatus de asilado político.

Desde mayo de 1981, Bonifacio tiene sus papeles en orden así que puede trabajar oficialmente.  Se va del restaurante y consigue un trabajo de soldador en el puerto de Gennevilliers.  Los jefes lo aprecian: es normal porque prácticamente hace el trabajo de cuatro personas.  Bonifacio se integra bien.  Alquila un cuarto en una gran casa en la cual ya viven tres parejas y un jovencito “Xavier” (Xavier es el amigo de Félix).  La gente de la “casa de los martirios” nos ha convertido en sus amigos.  Bonifacio comparte las dos casas, la suya y la mía.  ¡La vida es bella!

Todo el mundo lo quería y lo admiraba, era el amigo de todo el mundo en el barrio.  En el verano como en el invierno, usaba camisas con mangas cortas.  Era desconcertante pues nunca tenía frío ya que siempre estaba caliente.  Él decía que tenía el Teide en el pecho.  Me acuerdo de su manera de sacudirse la nariz cada mañana.  Ingería agua por la nariz y la escupía por la boca.

Yo tenía dos pájaros en la casa, dos mandarinos.  Una mañana la hembra estaba como medio muerta.  Lo veo de nuevo tomar en su gran mano ese pajarito al pico de coral.  Le masajeó la barriga con suavidad.  Sabía que el pájaro iba a morirse si no le quitaban los huevos.  “Tranquila Catherine, no va a morirse” me dijo.  Quince minutos más tarde, el pájaro estaba curado, de pie y piaba.  Él conocía la naturaleza.  Cuando estábamos en el campo, encontró todas las hierbas salvajes necesarias para cocinar.

Un día cuando decidí cambiar la moqueta, fue él que la puso.  Había un recorte complicado que hacer alrededor de la chimenea.  Sin ningún material, logró a cortar perfectamente la moqueta en ese sitio: como si el dibujo geométrico estuviese impreso en su mente.  Él era dotado e intuitivo.

Por supuesto, Bonifacio tenía un montón de defectos divertidos.

  • Solía olvidar su cigarrillo encendido en la nevera.
  • Solía perder sus llaves: una vez las encontré en el motor del coche.
  • Nunca llegaba a tiempo. Por otro lado, nunca usaba un reloj.

Hay muchas más historias que quisiera contarles a propósito de Bonifacio:

  • La casa de los Martirios en Clichy y las comidas pantagruélicas: las paellas, las gambas, las papas con la salsa mojo…
  • El gato Kity, sobreviviente de un invierno glacial. Bonifacio lo había recuperado detrás de la calandra de un coche, lleno de alquitrán.  Ese gato había sido agradecido con nosotros.  Nos lo llevamos con nosotros por todas partes.
  • La casa de Chavignol, la construcción de una mesa, bancos, camas. La viña que hizo revivir de nuevo.
  • El vuelo del mandarino en el campo de Correze
  • Los fuegos artificiales que preparó con arte: eran la alegría de los niños.
  • El obrero chino que se enfermó porque bebió demasiada leche creyendo que hubiera sido tan fuerte como Bonifacio.

Y un día se fue.  ¿Por qué se fue?

En 1988 no logró obtener sus papeles.  La policía francesa lo amenazó con una posible expulsión.  Él sabía que no iba a beneficiarse de una amnistía de las autoridades españolas.  Viviane Marescot (la hermana de Franz-Yves de la casa de los Martirios) le dio la oportunidad de trabajar en Nueva York en la marina de su esposo.  Entonces eligió esta opción, todo el mundo estaba feliz por él.  Nadie tuvo la idea que los caminos de los unos y los otros se separarían rápidamente, con el paso de los años, de los acontecimientos, de la vida de cada uno…

Yo fui a verlo tres veces, en la marina del Bronx:

  • En 1989, estaba sola
  • En 1997, estaba sola
  • En 1999, estaba con Félix

No logré a devolverlo a Francia.  Tuvo dos hijos en Nueva York.

(Por fin, en 2012, él habría tenido 4 hijos con Tamika, Puerto Rico)

¿Por qué Bonifacio murió?  Su muerte es aún un misterio.  Pero todos sabemos que alguien lo mató.

Yo escucho aún sus palabras: “Francia era un paraíso, aquí es el infierno.”

Estoy aquí con ustedes para decirles toda mi pena o lo apenada que estoy y parte de mi responsabilidad.

Perdón Bonifacio.  Te has ido sin hacer ruido, para no molestarme.

Yo realizo ahora lo que tú has representado en mi vida y en la vida de Félix durante 7 años.

Has sido nuestro ángel guardián.

Hoy estarán para siempre en nuestros corazones.

Tú eres “el gomero” ¡carajo!

 

Catherine  Le  Bars

Clichy-laGarenne,

Août 2012, Avril 2015

¿Podemos?  Independicémonos

Si se entra en Google Earth y se instala su aplicación para las Aguas Patrimoniales de todos los estados del mundo, se comprende bien cómo se posee realmente una nación: participando de las relaciones internacionales y ejerciendo sus derechos entre los demás.

Y ¿cómo se impide esa posesión a una nación si no tiene Estado, abortando el dominio sobre su territorio, sus recursos y sus propósitos nacionales frente a otros estados?  Una metrópoli calla a su colonia, cerrándole el acceso a la comunidad internacional, y al ejercicio de sus derechos nacionales.  Aislándola de las relaciones internacionales.  Impidiéndole que se desarrolle y capitalice para alcanzar ese status o protagonismo.

Todo estado ribereño de los mares del mundo tiene derecho, por los acuerdos del Derecho Marítimo, a sus 200 millas náuticas de Zona Económica Exclusiva (ZEE), ampliables a 350 mn.  Además, para prevenir la usurpación neo-colonial, tras el negro pasado de explotación ejercido por Europa, impide que una metrópoli pueda ejercer ese dominio en otro continente.  Pero resulta que eso es lo que hace España con la ZEE canaria, como se comprueba en la aplicación de Google Earth y las web de sus ministerios  Una exhibición de delito flagrante.  Usurpador.

Y ¿cómo se permite eso a un Estado miembro hoy del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, entidad garante del Derecho?  Porque casi todos los Estados miembros del Consejo de Seguridad hacen lo mismo.  Los lobos están al cuidado de las ovejas, en tiempos que la coalición USA-UE afronta el desafío asiático, y se reparte África y el Atlántico: las “prospecciones petrolíferas” no han sido más que una exhibición española para enseñar al mundo que esto es suyo,… y como se habrá visto, nadie protestó; los pocos que lo hicieron fue con el discursito verde de que ensuciara el turismo, que es el motor de nuestra dependencia, presentándolo como “el motor de nuestra economía”.  Pero ¡cada vez hay más plataformas petrolíferas pululando en nuestras aguas!

Para callar a su colonia, el resto es pan comido.  Colonizar es fácil: no dejar comer, sino a los amigos (de España).  A los vendidos a la metrópoli: los conquistadores y colonos –e hijos y nietos de…  Todo el que te diga esto es España, está comiendo del negocio (con ellos).

 

En los años 60 Canarias era casi autosuficiente, dando de comer a su alto poblamiento con su agricultura, ganadería y pesca canario-sahariana, en un régimen económico-fiscal y puerto-franquismo que eran evoluciones del secular Pacto de Estado, firmado entre Semidanes y Menceyes con España, suavizando la conquista sanguinaria –cruz y espada mano a mano-.

Con la transición y el Protocolo 2, nuestra organización social-política fue desarticulada con el sucursalismo: los partidos españolistas y el engendro amigo de Coalición Canaria, injertados mediante la televisión; detrás vino el mega-turismo y las macro-superficies, que desmontaron las áreas agropecuarias inmediatas a las ciudades y las mejores playas, haciendo negocios especulativos cimentado la corrupción más orgánica del Reino.  Así es como se dio de comer a los amigos.  También se impuso los medios de comunicación, que crean la opinión –y los púlpitos ya no llegaban a tanta gente-.  Todas las TV y demás media son españoles, no hay uno canario.

Hoy la dependencia alcanza el 80-90%, según sectores: ahora somos más colonia que nunca antes en el pasado.  Cada paso que dan en educación, comunicaciones, comercio, energía o seguridad, es una vuelta de tuerca, en una única dirección: crear dependencia, alejar la soberanía.  Aislarnos de la sociedad internacional, haciendo creer que estamos contentos de que hagan el negocio con nosotros; a costa nuestra, ¡que necesitaríamos del godo! Para vivir y representarnos.  Nos tratan así como a mujeres de hace unas décadas, que necesitaban la firma de su marido para abrir una cuenta corriente… Y es que tenemos que divorciarnos.

Porque este es un matrimonio de conveniencia: para los amigos (de ellos).  No para nosotr@s.  Con el 33% de desempleo y pobreza reconocidos –y según aumenta el turismo, no varía la tasa de paro-, el deber de los canarios es combatir a esos amigo (de ellos).  Nuestro deber es construir la Nación, ser ciudadan@s, para todos y sin tutorías.  Descolonizar, sustituir el ingente negocio que son las importaciones, para crear nuestro desarrollo con unas industrias que re-agropecuaricen nuestro campo y piscicultura.  Crear una Banca central que capitalice la Nación y cierre la sangría de riqueza, con un turismo que no nos subemplee y desangre: desarrollar energías y fuentes renovables, con el paraíso de estos recursos que somos, para crear un sector industrial-energético.  Fundar unos media isleños, que piensen de 350 millas náuticas para adentro mirando al mundo, no a la península y sus casposas telenovelas y debates.

Pero empecemos por denunciar a España ante el Tribunal de la Haya, UN y Google Earth, por esa exhibición usurpadora.  Alcémonos para levantar el Estado Soberano, pensando siempre desde nuestras 350 mn –un mar azul que brille– hacia dentro, hasta cada rincón de esta bendita tierra –siete estrellas verdes-, nuestra cuna.  Y de nadie más: los que hablamos canario –el amarillo en sus trigales y el blanco en sus rompientes-: nuestro habla es nuestra patria.  Estemos en las ocho islas, o por el mundo.

 

Solidaridad Canaria

Abril de 2015

     LA REVISTA “CASTALIA” (1917),

  Un capítulo en la vida de

     LUIS RODRÍGUEZ FIGUEROA

       Mártir de la democracia

 

Luis Rodríguez Figueroa nació el 19 de noviembre de 1875 en el seno de una familia dedicada a actividades comerciales en la localidad tinerfeña del Puerto de la Cruz.  Realizó estudios de abogacía en Granada, finalizando este periplo formativo hacia 1896.

Exponente de las generaciones que experimentaron la proyección modernistas de entre-siglos, pronto inició una prolífica producción literaria que destacó en diferentes publicaciones y colaboraciones periodísticas.  Desde finales del XIX, colaboró con artículos y poesías en periódicos como El Ideal, Iriarte o El Regionalista y, de forma particular, en La Palestra (1899).  También dejó temprana constancia poética con los poemarios Preludios (1898) y Venus Adorata (1902), al tiempo que se publicaba la novela El Cacique (1901).

En estos primeros años de centuria se descubre la cara cosmopolita propia de su lugar natal.  El peregrinaje del autor por las Islas y fuera de ellas se orientó al estudio de aplicaciones beneficiosas para la sociedad, como así registra la serie “Prosa viajera” (1909), que da relación de sus frecuentes viajes por Europa (Gran Bretaña, Italia, Francia, Alemania…).  El enriquecimiento de estas experiencias se tradujo en un mayor dominio de la expresión y en el perfeccionamiento del lenguaje, sin que ello supusiera una ruptura de las inclinaciones líricas de los inicios.

Será esta raíz de la que surjan los temas dedicados a la tierra, al sentir popular, a la exaltación del paisaje isleño y de las pervivencias pre-modernas.  Compuso odas de contenido ideológico, histórico y legendario, de las que destacan “El Hombre de la Tribu” (1901), “Guetón y Rosalva (1901) y “El Mencey Arautápala” (1919).  Estas composiciones constituyen la aportación lírica del portuense al anhelo contemporáneo de superar la fragmentación insular y de vertebrar un futuro autónomo y de cohesión sociocultural en el Archipiélago.

La etapa abierta por su elección a Cortes no tuvo solución de continuidad.  La coherencia ideológica fue pauta en su vida.  Ni siquiera eludió la sinceridad literaria en los prolegómenos de la contienda civil, cuando salía a la luz Banderas de la Democracia (1935).  Más allá de “la divisa por la que iba a morir” (Nuez, 1979: 85), esta obra supone una variación respecto de Nazir (1925), marcada por la revitalización de la dimensión política y sociocultural más combativa del escritor.  A escasa distancia temporal de su trágica desaparición, prevalece aquí la valentía de siempre, como al escribir El Cacique (1901), la “Crítica y comentarios de la dominación española en Canarias” (1908) o la “Primera Conferencia sobre renovación de la política insular” (1917).

Entre brumas de versiones oficiales y extraoficiales, el Golpe de 1936 facilitó el momento de confusión para hacerlo desparecer.  El catorce de julio, cuando otros responsables políticos estaban ya en vías de exilio, el diputado por Canarias de Izquierda Republicana embarcó con dirección a Cádiz, para continuar viaje por carretera hasta Madrid, donde iba a reincorporarse a las tareas parlamentarias.  A la llegada, la insurgencia había tomado el control de la ciudad y procedió a su apresamiento tan pronto fue identificado.  Todo apunta a que permaneció en distintas prisiones hasta el traslado a Tenerife, donde sería eliminado en el mes de octubre.   La familia fue expulsada de la casa familiar (saqueada y expropiada por el Régimen), mientras su hijo Guetón era igualmente encarcelado y asesinado.

A pesar de que las autoridades franquistas no alcanzaron a “concretar la personalidad masónica” más allá de lo expuesto (1897-1910), no haber presentado la preceptiva “declaración de retractación” y la incomparecencia a la citación judicial de 2 de junio de 1943 (prevista para las diez y media de la mañana) fue suficiente para que el Juzgado nº3 del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo dictara una pena de doce años y un día de prisión menor al “procesado rebelde”, Luis Rodríguez Figueroa, por un “delito consumado de masonería (21 de enero de 1944).

El procesado quedaba además inhabilitado de forma absoluta y perpetua para “el ejercicio de cualquier cargo del Estado, corporaciones públicas u oficiales, entidades subvencionadas, empresas concesionarias, gerencias y consejos de administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando y dirección de los mismo”.  Lo absurdo del asunto hizo que su hija Rosalva se dirigiera a la instancia para insistir en que su padre estaba desaparecido desde el catorce de julio de 1936, y que lógicamente “existe la imposibilidad de que su referido padre pueda comparecer para la aducción del descargo pertinente sobre el sumario número 206” (carta de 18 de junio de 1943)

Incompetencia o calculada y perversa intención de extender la guerra en el tiempo, el proceso hizo a la familia víctima de una prolongada represión pos mortem.  Las autoridades franquistas nunca reconocieron su muerte y la acción legal contra Luis Rodríguez Figueroa, declarado “en rebeldía”, quedó indefinida en el tiempo:

Luis Rodríguez Figueroa: “Autobiografía.  Yo, en mí y fuera de mí” (Arautápala, 1909):

            “Cada país tiene su grandeza y su monstruosidad relativa, y cada hombre lleva consigo algo de la idiosincrasia de su país.  Esto lo hemos aprendido en nosotros mismos, viendo como bajo este sol africano y entre estas gentes de aduar se nos duermen las energías como lagartos amodorrados por la canícula, y viendo también como se gastan en miserias de política trapera las inteligencias más despiertas, en lugar de confundir, noblemente, todos los esfuerzos para la reconquista de un ideal de progreso y de cultura” (Cfr. Rodríguez, 2010: 109-120).

 

PETROLEANDO UNAS CANARIAS DEPENDIENTES

            Dos cosas han quedado claras en todo este asunto del pesquero ruso: que estamos en riesgo y que estamos indefensos.

No se puede dar la impresión a nuestra gente de que el tema se ha resuelto con un “nos salvemos” porque las corrientes y los vientos le hagan llegar la mierda (nuestra mierda) a otros; habrá una y otra próxima vez si estos lejanos y cercanos genios siguen siendo los irresponsables de nuestro futuro.  El riesgo y la indefensión, ante tanta irresponsabilidad dependiente es lo que hay que combatir.