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2016 XLV Ruta de Bentejuí

 

 

Libreto XLV Ruta de Bentejuí

XLV  RUTA  DE  BENTEJUÍ

30 de Abril – 1 de mayo  2016

 

DEDICAMOS ESTA RUTA 45º

          A esos baifos viejos, políticos o funcionarios de estómagos agradecidos como Soria*, que vienen guiando al colonialismo para hipotecar el futuro de nuestro pueblo.

(*: ¿el petrolero Soria?… ¡hundido!)

LAS  ISLAS  DEPENDIENTES

 

El hombre, desde que goza de capacidad de raciocinio (lo que está todavía por demostrar), ha tenido la manía de poner nombre a todo lo que le rodea.  Quizá sea un deseo ancestral, casi genético, de identificar el entorno e identificarse a sí mismo dentro de él o, quizá sea, también, una forma de apropiarse de algo o de alguien.  Es posible que pensara que si dominaba la esencia de algo o de alguien, lo que lo define e identifica, el nombre, dominaría también a ese algo o alguien que él mismo definía, identificaba, nombraba.  No es casual que algunas religiones monoteístas llamadas “del libro”, por provenir en todo o en parte del libro sagrado de los judíos, consideren blasfemia nombrar a su dios.  Hay que referirse a él como el innombrable o el que no puede ser nombrado; es decir, el que no puede ser apropiado por nadie, dándole un nombre.

Las Islas nunca tuvieron ese privilegio divino, y fueron bautizadas sucesivamente como Hespérides, de la Fortuna, Campos Elíseos, Canarias Ínsulas o Canaria.  Los indígenas le dieron a cada una su propio nombre, en Amazigh, hasta que los europeos volvieron a nombrarlas y apoderarse de ellas, y no solo de sus nombres.  Pero ¿cómo se denominarían hoy? Con toda probabilidad y justicia, como las Islas Dependientes.

Hoy somos más dependientes que hace cincuenta años, cuando se realizó la primera Ruta de Bentejuí, que celebra cada año la resistencia a quien personaliza, en Gran Canaria, la lucha por la libertad indígena, contra la dominación y la dependencia europea.

Dependencia económica

Canarias, inmediatamente después de la conquista europea, pasó a tener una economía dependiente del exterior.  El motor de la economía canaria ha sido, durante siglos, un monocultivo o, todo lo más, un bicultivo destinado a la exportación.  El azúcar primero, el vino después, y la cochinilla o el tomate y el plátano más recientemente.  Todos ellos tuvieron en común  que el producto se exportaba siempre al exterior, que eran los mercados externos los que establecían la demanda y los precios, los que mandaban, y los que, en cualquier momento y por cualquier circunstancia, podrían renunciar a ese producto, cambiarlo por otro y arruinar a las islas, como sucedió una y otra vez.

Y también tuvieron en común que no importaba el coste que, en las Islas, tenía ese monocultivo: no importaba que consumiera bosques enteros para convertir el jugo de caña de azúcar, o que arruinara los acuíferos con un desaforado consumo de agua, como el plátano, o que requiriera enormes movimientos de tierra para fabricar suelos cultivables y alterara totalmente el paisaje.  No importaba la mano de obra esclava o miserable; no solo no importaba, sino que se deseaba y provocaba: eso permitía que el producto a exportar fuera aún más barato a los consumidores europeos.

El último monocultivo en producción es el turismo.  De nuevo dependemos, y aún más intensamente, de los mercados exteriores, de grandes empresas externas, turoperadores de compañías aéreas, cadenas hoteleras e, incluso y directamente, de los propios visitantes, a través de portales de internet igualmente externos a las Islas.  La única peculiaridad, esta vez, es que en vez de exportar el producto, importamos a los consumidores para que consuman aquí un buen tiempo, unas playas y un paisaje difícilmente exportables.  Pero la diferencia se vuelve también contra la Islas: al importar a los consumidores, hay que importar los alimentos que consumen y el petróleo necesario para producir el agua y la energía eléctrica que gastan o el transporte que utilizan; hay que tratar el enorme volumen de residuos que generan y soportar el brutal incremento de contaminación que significan sus viajes y su estancia; hay que consumir más territorio para ofrecerles costosas infraestructuras y alojamientos.  A cambio, y pese a las multimillonarias cifras con que nos bombardean, Canarias presenta un índice de paro mayor que cualquier región española y un nivel de sueldos menor que cualquiera de ellas.  Se sigue ofreciendo lo que los mercados exteriores vienen exigiendo desde la conquista: sacrificio y mano de obra barata, ya que no esclava.

Y en cualquier momento, igual que siempre, si a los turistas o a las empresas se les antojase, si se aburrieran de un destino obsoleto y salvajemente densificado, si subiera su nivel de vida y se permitieran viajar más lejos y más caro, o li los países norteafricanos y del oriente medio, los destinos competidores  más cercanos, consiguieran solucionar los desastres generados por las guerras y el integrismo religioso provocados por las “potencias occidentales”, el monocultivo se vendría abajo, porque la decisión será externa, como antes, como siempre, y nos tendremos que comer los hoteles, o los unos a los otros.  Pero nuestros audaces empresarios y sus servidores políticos siguen tirando voladores cada vez que un millón más de visitantes incrementa el balance negativo de la dependencia, sin llegar a tener un efecto significativo alguno en el nivel de empleo y de salarios.  Lo que si aumenta es el peligro, la fragilidad, la dependencia y el nivel de explotación de la Islas, simplemente.

A pesar de los monocultivos de exportación, las Islas fueron autosuficientes, alimentariamente, hasta hace más de un siglo.  Eso no evitaba, ni mucho menos, las tremendas hambrunas que las sequías y el acaparamiento producían periódicamente en algunas o todas la Islas, provocando migraciones de unas a otras o fuera de ellas, hacia América Latina, que siempre hizo de válvula de escape para impedir el estallido de la caldera social canaria.

Pero los últimos monocultivos y, sobre todo, el cambio económico producido a mitad del siglo XX, con la dominación económica de construcción y el turismo, provocaron el abandono agrario y la migración masiva desde el interior de las Islas.  La ganadería y los cultivos de autoconsumo disminuyeron brutalmente y la importación de productos alimentarios se convirtió en masiva.  El consumo turístico no hizo sino incrementar directamente esta tendencia y así hoy se importa en Canarias el 90% de los productos alimenticios que se consumen, y este porcentaje ha crecido en los últimos años, tanto en números absolutos como en relación a la población, al tiempo que ha disminuido la superficie agraria cultivada y la producción de otros alimentos y carne.

Esta situación solo significa un sobrecosto de los productos, una menor calidad que los productos locales frescos y una pérdida de puestos de trabajo agrarios pero, sobre todo, constituye un enorme riesgo de importación de plagas, como ya se ha producido reiteradamente en los últimos decenios, que se suma a la creciente extensión de las mismas por efecto del calentamiento global y, finalmente, una tremenda vulnerabilidad, un irreparable riesgo vital si no entraran barcos en los puertos durante apenas unos días a causa de, digamos, una epidemia brutal y global causada por la expansión de gérmenes que también facilita el cambio climático.  ¿Cuántos días sobreviviríamos si, por cualquier causa no llega ese 90% de alimento que importamos?

Con la superficie productiva de que disponemos y la población que habita  visita el archipiélago, nunca podremos alcanzar la soberanía alimentaria total, pero al menos podríamos disminuir el alto grado de vulnerabilidad y riesgo en que nos coloca la dependencia del exterior, al tiempo que poner en cultivo nuestro suelo productivo, recuperar al alta biodiversidad cultivada que caracterizó a las Islas en el pasado y bajar las tasas de desempleo y pobreza alcanzadas.

Frente a esta peligrosa realidad, faltas políticas agrarias y sobran políticas especulativas.  El mercado alimentario está dominado por las cadenas comerciales foráneas, que importan buena parte de sus productos, y a las que se les permite que hagan dumping con sus precios, para introducirse en el mercado local, en perjuicio de los productores locales.  A cambio, Canarias carece de legislación agraria y de medidas para poner en uso el suelo agrícola vacante, como los bancos de tierras u otras; al punto que el departamento del gobierno canario ocupado de la agricultura es poco más que un simple distribuidor de subvenciones europeas.  En su lugar, acaban de poner sobre la mesa una Ley del Suelo cuya receta para el suelo rústico es el bloque y el hormigón, facilitando la implantación de un montón de usos impropios de ese suelo, que pueden no solo destrozar buena parte de nuestro patrimonio natural, cultural y paisajístico, sino hasta expulsar la actividad agraria en los ámbitos más productivos, como ya lo hizo en el pasado la especulación urbana con las vegas de Las Palmas, Telde, Valsequillo, Guía o Gáldar.

 

Dependencia energética

Pero quizá la dependencia más sangrante, por nociva, absurda y peligrosa, sea la dependencia energética.  Las islas, con una capacidad casi ilimitada de generar energías renovables a partir del sol, el viento, las olas o la geotermia, depende de forma también absoluta de los combustibles fósiles.  Y no sólo para generar energía eléctrica y alimentar una movilidad enloquecida, provocada por el absurdo sistema urbano implantado, sino para producir la mayor parte del agua que bebemos y parte de la que usamos para regar nuestros campos, después de haber esquilmado salvajemente durante decenios las reservas del subsuelo.

Frente a la creciente escasez de los recursos fósiles, el seguro incremento de sus precios en un futuro inmediato y el agotamiento del petróleo y el gas a medio plazo, la respuesta de los gobernantes canarios y españoles ha sido reforzar la dependencia de la energía fósiles, pretendiendo la multimillonaria implantación del gas natural e intentar la extracción de petróleo en aguas canarias, aun a riesgo de contaminar el agua que potabilizamos, de arruinar la riqueza biológica de nuestro mar y poner en peligro el atractivo turístico del archipiélago.  Y para aumentar aún más la dependencia, se ha dificultado la implantación de renovables, se ha arruinado a empresarios que vieron las condiciones y precios cambiados arbitrariamente al alza y hasta se ha prohibido el autoconsumo energético.

Con todo ello, se incremente la contribución de Canarias al calentamiento global del planeta y, aún más, la vulnerabilidad y el riesgo en que se encuentran las Islas.  Igual que con los alimentos, cualquier alteración sensible, convertida en desastre natural o en amenaza epidémica por efecto del cambio climático, nos encontrará en absoluta dependencia, para el suministro eléctrico y de agua potable y para el trasporte interior e interinsular, de unas reservas limitadas de combustibles fósiles cuyo agotamiento, por la posible restricción del transporte que llega a las Islas, tendría consecuencias catastróficas.

 

Dependencia política

Desde hace años, los canarios vienen comprobando como cada gobierno cipayo es aún peor que el anterior.  El actual, sin la menor vergüenza, reconoce orgullosamente que legisla para los empresarios porque dice que crean empleo, por más que no baje nuestra tasa de paro pese al brutal incremento de turistas, y exhibe orgullosamente las cifras de paro y el bajo nivel de salarios para atraer la inversión exterior y aumentar nuestro grado de dependencia.

Estos supuestos nacionalistas no son más que unos mendigos profesionales, expertos tan solo en pedir infraestructuras y subvenciones.  Al estado español le suplican que devuelva un mínima parte de lo que se lleva, en forma de cemento y alquitrán, de infraestructuras millonarias, de pistas de aterrizaje que no se necesita, trenes absolutamente innecesarios, nuevos puertos vacíos y autopistas multiplicadas, pero no de asistencia social ni educación ni sanidad, materias en las que también ostentamos records, pero siempre por abajo.  A Europa se le piden subvenciones, inventando la ultraperiferia, clamando por la insularidad y por una lejanía que cualquier día nos pone en el Polo Sur, siempre olvidando nuestra situación geográfica, nuestra realidad africana, aprovechada solo para convertir a las islas en portaaviones del moderno colonialismo, para intentar exportar lo que no tenemos, solo para servir de punto de escala y suministro, de pura estación de servicio en medio de Atlántico.

La autonomía no ha reducido en absoluto la subordinación europea y española, el expolio del territorio, del paisaje, del medio ambiente, del patrimonio, sino todo lo contrario.  Siguen deseando que vengan más turistas, más petróleo, más alimentos, para hacernos más dependientes y hacerse más ricos, aunque no produzcan ni riqueza ni empleo ni bienestar ni cultura.

Para ello, intentan que perdamos nuestra propia identidad, la identidad que siempre encontró el canario en el interior y en el litoral, en el paisaje.  Nos quieren convertir en meros consumidores compulsivos, borrachos de necesidades inventadas, carentes de la menor referencia propia.  Más allá del folklore cantado, los disfraces típicos y las romerías religiosas inventadas, no existe la cultura canaria, no debe existir la cultura canaria: la forma de hablar se pierde cada día desde las televisiones exteriores dominantes la las propias televisiones oficiales canarias, el vosotros se extiende como símbolo de ignorancia y dependencia, igual que se pierden los hábitos o el patrimonio, y permitimos que, desde la televisión oficial, un grupo de comediantes, desgraciadamente canarios, conviertan en motivo de risa la supuesta de forma de hablar y pensar del canario, retratado como un bruto ignorante.  Exactamente igual que hace 500 años, pero al menos antes no éramos nosotros mismo los que nos insultábamos.

Hoy, más que nunca merece Bentejuí un recuerdo y un homenaje, recorriendo de nuevo un camino que él pudo haber recorrido en busca de la libertad de su pueblo, amenazada de muerte.  Hoy quizás no sea la muerte física, que también nos acecha, catastrófica, pero desde luego nos rodea y cerca la muerte social.  Pedro de Vera sigue teniendo un Fernando Guanarteme, más Fernandos Guanartemes que nunca, para que mejor engañen y consigan un pueblo sometido, embobado, arruinado.

            Hoy, más que nunca, sigue siendo necesario Bentejuí.

 

Faustino G. Márquez

MATANZA DE CABRAS EN LAS CUMBRES

 

En las cumbres de Gran Canaria, por las zonas de Tirma, Andén Verde, Acusa Verde, Barranco de La Aldea, Guguy y Tifaracás, generando un rechazo popular muy notorio, andan exterminando las cabras guanilas o mulatas, que desde tiempos muy anteriores a la colonización europea han habitado esas escarpadas zonas.

Esos pequeños grupo, forman una reserva genética que se ha ido cruzando con cabras de los ganados de nuestros cabreros de antaño y actuales. Estos se han beneficiado de los encuentros que sus cabras han tenido con los machos cimarrones libres, aportándoles a sus crías las mejoras genéticas de unos animales fortalecidos por la selección natural que la libertad y una orografía dura les ha aportado.

Las supuestas razones ecológicas para la matanza de estos ejemplares, tendría que ser la resultante de la información y consulta pública de exhaustivos estudios de impacto medioambiental, en paralelo a otras investigaciones no menos ecológicas de reserva genética y de gran importancia complementaria en los estudios que sobre las cabras canarias, conocidas como de las más importantes del mundo, se están efectuando por parte del Instituto Canario de Investigación Agraria (ICIA), donde un prestigioso equipo veterinario, del que forma parte el palmero Dr. D. Juan Capote Álvarez, presidente de la International Goat Association (IGA) lleva años estudiándolas.

Sustraer posibilidades de estudiar esas cabras guanilas a esas investigaciones que han llegado con éxito  hasta Túnez para encontrar nexos genéticos de nuestra cabaña caprina, será un verdadero atentado de insalvables consecuencias como lo fue el irreparable exterminio antiecológico de las cabras de la Caldera de Taburiente y el turre negro de La Gomera.

Potenciemos la información y consultas públicas antes de tomar decisiones burocráticas irreparables. Algunos funcionarios públicos no saben que lo son, y por tanto no están capacitados para serlo (enchufes aparte).

 

SOLIDARIDAD CANARIA

¡SILBO  GOMERO SI!

 

El año pasado me pidieron desde la organización de la Ruta Bentejuí un escrito en torno al Silbo Gomero. Cuando me vuelven a pedir para este año otro escrito dedicado nuevamente al Silbo, primero me sorprendió; pero luego lo entendí y he decidido volcarme en él con la misma pasión; ¡No todos los días, un comité de sabios de la UNESCO declara a una manifestación cultural como Patrimonio de la Humanidad!. Y esa declaración no puede significar, de ningún modo, el punto final de ningún camino, más bien, es un nuevo paso fundamental en medio de un proceso de milenios que ha vivido este sistema de comunicación en los labios y el corazón de los habitantes de La Gomera.

Esa declaración obliga al Pueblo Gomero, junto a todo el Pueblo Canario y nos obliga a cada uno de nosotros a asumir una responsabilidad frente al mundo; ¿Qué estamos haciendo?… ¿qué vamos a hacer con este patrimonio que nos trasciende?…

¿Recuerdan aquel viejo refrán que dice que “es de bien nacidos ser agradecidos”?. A mí el cuerpo me pide eso; ser agradecido, precisamente, con quienes pusieron algunos de los pilares fundamentales del momento histórico que al Silbo Gomero le toca vivir.

El año pasado me centré en el personaje de Bonifancio Santos Cabrera, a quien el cantautor Feloche nos descubrió, por sorpresa, como el “primer maestro silbador” de la nueva era: ¡Un gomero enseñando a silbar a un muchacho francés en las afueras de París!.

Y en esta ocasión me comprenderán si dedico esta página a D. Isidro Ortiz Mendoza y D. Lino Rodríguez Martín. Ellos dos son la atarjea por la que fluyó un caudal de saber que llega desde los tiempos antiguos para inundar a cada uno de los niños y niñas de La Gomera durante más de dos décadas. ¡Esta es la nueva era!; si antiguamente únicamente aprendían a silbar los hijos de familias de silbadores, a través de sus padres, madres y abuelos en su casa, y en sus campos,  ahora aprenden a silbar todos y cada uno de los niños y niñas de la isla, desde la escuela y ¡contando sus aprendizajes, como parte de la nota de Lengua!.

Recuerdo todos los problemas que se planteaban los técnicos del “aparato” de la Consejería de Educación cuando decían… “La gente se va a reír de nosotros… harán chistes de gomeros… ¿Cómo vamos a dejar entrar en las aulas a impartir una enseñanza no contemplada en los currículos, a unas personas sin título ninguno que acredite su saber… ¿Qué dirán los padres?… ¿Qué dirán los medios de comunicación?…¿Qué dirá la oposición?”…

Las preguntas, no dejaban de tener cierta lógica en aquellos años noventa… pero la voluntad de la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de La Gomera era firme, y la del Viceconsejero de Educación D. Marino Alduán también. Estaban empeñados  en que los iniciales experimentos de  enseñanza del Silbo Gomero en algunas escuelas gomeras  se consolidaran en condiciones de dignidad para todas. No era fácil, pero había que intentarlo y ¡tenía que salir bien!.

Y es aquí donde aparecen las figuras de dos maestros excepcionales; en un primer momento D.Isidro Ortiz en solitario para toda La Gomera, y poco más tarde D. Lino Rodríguez compartiéndola.

Recuerdo mis primeras visitas para, supuestamente, “asesorar” a D. Isidro. En teoría él no tenía formación pedagógica específica y yo, como maestro, que había trabajado unos años precisamente en la enseñanza de la lecto-escritura debería ayudarle en el reto al que se enfrentaba cada día. Tuve infinidad de charlas con él, y acudí a verle dar sus clases a distintos lugares… y yo tomaba notas, y notas, y le preguntaba… no recuerdo haberle hecho nunca ni una sola sugerencia pedagógica… ¡Él no las necesitaba!… Esa capacidad suya para captar la atención de un grupo, para hacerse respetar y querer… para trasmitir un saber complejo… ¿era innata?…¿la adquirió en sus años de trabajo en Venezuela?…¿en el taxi?… en la aventura apasionante de la creación y dirección del grupo “Los Magos de Chipude”… ¿en años de subirse a los escenarios?… No lo sé. Pero esa capacidad estaba ahí… y ¿Qué podemos decir del método que se inventó para transcribir los sonidos que emite el Silbo Gomero, sirviéndose de determinadas letras del Alfabeto?… eso que en su día llamamos “Sil-fabeto?… una técnica “escolar” que permite al alumnado reflejar en su libreta un análisis fonológico del español que hablamos para adaptarlo a las posibilidades fonéticas propias del Silbo Gomero…

  1. Isidro, al tiempo que habla del Silbo Gomero, despliega en la escuela todo su saber acumulado y multidisciplinar, porque ha procesado todo lo vivido y porque ha leído mucho con enorme interés. D. Isidro tiene, además un punto de firmeza y dignidad que le permite dirigirse con naturalidad tanto al niño que tiene delante, como al mismo Consejero de Educación si procede. Siempre agradeceré esas ocasiones en que se ha dirigido a mí para preguntarme, desde el respeto, por cierta acción mía que no comprende o que incluso considera equivocada. Es entonces, cuando sabes que tienes delante un “maestro” de verdad. Y no es que lo diga yo, movido por el cariño y el roce de los años, ahí está su reconocimiento como Premio Canarias en Cultura Popular del año 2009.

A Lino Rodríguez lo conocí un poco más tarde. Es un hombre de mucho silbo y poca palabra y la que dice siempre viene concentrada, muchas veces en forma de refrán o frase lapidaria que pone el dedo en la llaga y que la mayoría de las veces te hace reír.

Isidro me dice que mi modo de silbar está más pegado al de Lino que al suyo. Que frente al silbo de cumbre, de las gentes de Chipude… ese silbo que debe afrontar distancias muy largas y a veces abrirse paso entre la arboleda, y que por lo tanto debe ser escueto y muy efectivo, el silbo de Lino es más de costa, quiere y puede explicarse más, como quien estuviera hablando…  Yo recuerdo que antes de llegar a La Gomera yo sabía emitir el silbo, pero colocando los dedos en la boca de un modo diferente al que utilizaban Isidro y Lino. “¡No me silbes de ese modo delante de los muchachos, que me los echas a perder”!, me decía Lino, y un día se puso conmigo y me pidió que pusiera el dedo sobre la lengua y… de repente me brotó el silbo de un modo nuevo, luego vendría empezar a hablar.

En aquellos años lo acompañé montones de veces por el archipiélago porque incluimos una muestra y taller de iniciación al Silbo Gomero en las muestras de Deportes Autóctonos que se hacían para escolares. Y ahí, me encontré nuevamente, con un maestro descomunal; ¡con qué elegancia se mueve ante los chiquillos!, sin casi dirigirles la palabra, basta una mirada,  un silbo, un gesto… El me contaba que tantos años como capataz de obra dirigiendo a grupos de hombres levantando paredes le enseñó mucho de cómo nos movemos las personas, qué resortes debes poner en juego si quieres que un colectivo alcance un objetivo, con qué dosis de firmeza, cariño y comprensión debes moverte entre tu peonada…

Lino, además, ¡es un rebelde del carajo!.. él tiene una desconfianza natural respecto a  los estudios fonológicos de los catedráticos… él está convencido de que, frente a lo que digan los aparatos,  hay más de dos vocales y mucho más que cuatro consonantes… y ¡Qué sorpresa y qué alegría!… escucharlo un día reciente pronunciando por primera vez la “erre”, ese sonido que le decían que el silbo no puede pronunciar, y cuanto más se lo dijeran, más empeño puso él en conseguirlo, continuando así con ese proceso histórico de exploración de las posibilidades potenciales del Silbo para reproducir las características fonológicas de la lengua que silba.

Recuerdo como si fuera hoy el día en que la comisión de expertos del Silbo Gomero decidió por unanimidad dejar de llamarlos “monitores “ de Silbo Gomero, para pasar a reconocerlos formalmente como los primeros “Maestros de Silbo Gomero”.

Recuerdo, también, con qué dignidad esperaron en ocasiones varios meses y hasta casi un año, para que la Consejería encontrara el modo de pagarles su trabajo, mientras ellos salían en su coche particular a recorrer las carreteras de la isla día tras día.

Cuando el diputado gomero Pedro Medina quiso llevar al Parlamento de Canarias la propuesta para la inclusión de la enseñanza del Silbo Gomero dentro del Currículo, ya el trabajo fundamental lo habían hecho Isidro y Lino; centenares de niños y niñas aprendiendo y gozando, los padres, madres y abuelos, orgullosos de sus chiquillos, el profesorado mirando alucinado cómo entraban y salían del las aulas esos dos nuevos “docentes” que les mandaba la Consejería, el Inspector entusiasmado… Lo cierto es que aquella propuesta fue aprobada por unanimidad de la Cámara.

Vinieron entonces aquellas largas sesiones de trabajo de la Comisión Técnica que redactó la propuesta de currículo para el Silbo. Allí estaban los dos “maestros silbadores”, compartiendo trabajo y aportaciones junto a catedráticos de Lingüística, Lengua Española, Didáctica de la lengua, Inspectores, especialistas en Diseño Curricular, la presidenta de la Federación de Padres y Madres de Alumnos.

Todos los especialistas, teorizando y dando forma escrita a lo que ellos dos estaban haciendo  cada día en las aulas gomeras. Gracias a ellos teníamos la certeza de cuántas sesiones semanales hacían falta, de cuánto tiempo, por dónde empezar, cuáles eran los contenidos que había que enseñar, con qué estrategias… Finalmente se modificó el currículo de Lengua para Canarias   para poder integrar las enseñanzas del Silbo Gomero en su lugar correspondiente para la isla de La Gomera.

Este fue, sin duda, uno de los argumentos sustanciales para que aquella comisión de técnicos de la UNESCO decidiera finalmente reconocer el Silbo Gomero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Nuestro Silbo había mostrado a los pueblos poseedores de otras formas de lenguaje silbado en el mundo el camino a seguir;  a los turcos del Valle de Kuskoy, a los griegos de Antia, a los indios Mazatecos en Méjico.

Nuestro Silbo Gomero llega más lejos todavía; hace unos días me hablaban Lino e Isidro de los contactos constantes y recientes con el profesor Gérard Pucheu que está empeñado en que en el valle de Aas en Francia la gente vuelva a silbar treinta años después de que murieran los últimos silbadores de dicha localidad. ¿Qué está haciendo este señor, ante la imposibilidad de aprender de quienes ya no están, y lo limitado de las grabaciones existentes?… pues vino a La Gomera, aprendió de nuestros maestros y con los recursos lingüísticos que el Silbo Gomero creó a lo largo de los siglos intenta poner a silbar en francés a sus conciudadanos.

Así lo hace, y así lo explica. Él no dice que está recuperando el silbo tradicional del Valle de Aas. Afirma que está intentando recuperar la práctica del lenguaje silbado en una comunidad que lo dejó perder, aplicando al francés los recursos técnicos que pudo aprender del Silbo Gomero. Si esto hacen en Francia, esperemos que tomen nota quienes en Canarias, de un tiempo a esta parte, habiendo aprendido a silbar en fechas recientes en La Gomera, ejercen de maestros, nombra maestros, convocan congresos, pontifican en internet y dan cursos de una cosa que ya nunca denominan Silbo Gomero sino “lenguaje Silbado”, en general… o “Silbo Canario” en particular.

Para terminar, permítanme volver a jugar con aquellas palabras que sonaron altas y claras en Ansite hace 500 años… Hoy no diré… “¡déjanos morir con honra!… ¡Canarias existe, mírala en pie sobre estos roques!”… hoy silbaré “¡vivamos con honra”, sin pedir permiso a nadie, que el Silbo Gomero  existe, está más vivo que nunca en pie sobre todos los roques de Canarias y camina por el mundo!.

Rogelio  Botanz

A VUELTAS CON TINDAYA

Aprovecho una muy buena reflexión del “País Canario” sobre Tindaya para, más que sea desahogar algo el cabreo y la impotencia que siento al respecto.

Es increíble la prostitución del lenguaje que conlleva el colonialismo español en Canarias.  Desde llamar al Teide “el pico más alto de España” –lo es del Estado español actual, pero el de España es el Mulhacen- o hablar de la “Europa tropical” o “la frontera sur de Europa” y otras sandeces por el estilo, ahora, todos unos sesudos españolizados personajillos, de aquellos que Secundino llamaba “sabios de librea que van a las cortes a hacerle la venía al amo”, como Fernando Clavijo o el especialista en nuestro peculiar Lenguaje Canario y, a pesar de ello, dependentista irredento, Marcial Morales, se sacan de la manga un nuevo “concepto”, hito memorable de esta corrupción lingüística, que de la otra ni hablamos.

El ataque descarado a uno de los símbolos más importantes de nuestra cultura ancestral, la Montaña Sagrada de Tindaya, que en sí misma es un valor a realzar, difundir y defender, al saqueo de sus entrañas traquíticas y a su nueva dedicación al Becerro de Oro que para ellos –no para los canarios de a pie- constituye el turismo, al agujero que a Chillida no le dejaron hacer en su país natal, lo llaman “Monumento a la Tolerancia” y crean una “Fundación Canaria” para perpetrar el ataque.  No les faltaría razón si se refirieran a la probada y estulta tolerancia que mostramos los colonizados ante los saqueos y agresiones coloniales, pero no van por ese lado los tiros.  Es una vaga y etérea “tolerancia” sin saber ni de quién ni a qué.

En mi vieja Aguere había, niño yo, un conocido adorador de Baco al que llamábamos “Barrilete” que, a sí mismo, con acierto y en francés, se definía como “clochard”, que refiriéndose a las autoridades franquistas del momento decía “Es que son todos unos inverecundos”.  No voy a ser más duro que Barrilete con los calificativos, pero lo cierto es que “SON TODOS UNOS INVERECUNDOS REDOMADOS”.

Lástima que no podamos activar a los más de 300 podomorfos de Tindaya –la mayor concentración de África de estos ancestrales símbolos- para que de una enorme patada en su infame y acomodado trasero los enviáramos hasta la metrópoli a la que tan eficazmente sirven.

Como eso no va a ser posible con los podomorfos tenemos que buscar otros métodos de acabar con todos estos berringallos coloniales.

Fco. Javier González

 

RECORDANDO  A  MAESTRO PAQUITO SANTANA

 Don Francisco Santana Suárez nació en el barrio de San Gregorio en Telde, el 3 de octubre de 1921, de madre teldense y padre satauteño.  A la temprana edad de 8 años quedó huérfano de madre, quedando al cuido de sus hermanas, las cuales lo mandaban a diario a la escuela.  Él trasponía con la cartera de los libros y tiraba pal monte en busca de los pastores, que fueron sus auténticos maestros.  Con ellos aprendió a amar nuestra tierra, sanar con sus manos y con plantas de nuestro entorno a personas y animales.  A buscar agua donde nadie la veía, a encontrar las vetas de buen barro, a trabajar el cuero, el metal.  A predecir las lluvias, a  interpretar las estrellas, a sacar el árbol genealógico de cualquiera con sólo echarle un vistazo.  No aprendió a leer y escribir correctamente, pero era un hombre lleno de sabiduría.  La sabiduría de nuestra cultura impartida por los que más saben de nuestra tierra.

Defensor, a ultranza, de la “palabra dada”, que era más valiosa que una firma.  Hombre orgulloso que no vendió nunca su dignidad.

Desde jovencillo sintió gran atracción por todo lo referente al “Palo Canario” o “Garrote Canario” nombres que indistintamente le daba Maestro Paquito al implemento, inquietud que no perdió mientras vivió, ya que no se cansó de buscar referentes entre los pastores y gente del campo de todas las islas.  Siempre reconoció, con la humildad que lo caracterizaba, que aprendió de varias maestros, pero el principal fue José Calderín “Pispí”.

Empezó su camino enseñando el Juego del Garrote con sus hijos cuando estos le ayudaban con el ganado, aunque los enseñó a todos por separado, sin que los otros hermanos lo supieran.  Y según las palabras de Miguel, hijo de Maestro Paquito: Con posterioridad posibilitó que empezáramos a jugar entre nosotros, pero con la directriz de que no nos peleáramos entre los hermanos, porque en el campo hay un dicho que recuerda que “la sangre entre hermanos produce la muerte”.

A principio de los años 80, gracias al colectivo Taller de Cultura Canaria de Telde, que se dedicaba a rescatar nuestras costumbres y tradiciones, (formado entre otros por Santiago González Casimiro, Felipe Martín Ramos, Juan Ignacio Correa, José Halteh “Tarja”, Peraza, Pedro Pérez Peña) empieza el rescate de la tradición del Juego del Palo en Gran Canaria cuando, en un trabajo de campo Pedro Pérez Peña “el Huevero” encuentra a un pastor en San José de las Longueras que se llamaba Suso el “Paisa”, éste le había comentado que él no sabía si Paquito sabía algo de “eso del Palo”, pero que tenía claro que sabía utilizarlo porque a él le había “bajado” siete costillas cuando en una discusión Suso sacó un cuchillo y le rajó la camisa y araño la barriga a Maestro Paquito.  Tras varias visitas de Pedro “el Huevero” a Maestro Paquito, éste decide enseñar a un grupo de muchachos de Telde junto al Faro Viejo de El Goro.

Años más tarde, un grupo de personas que comparte la defensa de la identidad canaria, (Antonio Cardona, Santiago González, Felipe Martín Ramos, Cristo Dámaso, Juan Ignacio Correa, y Pedro Pérez, entre otros) forman la Asociación del Palo Canario que fue presentado en diciembre de 1982, y desde entonces hasta el fallecimiento de Maestro Paquito, el 7 de septiembre de 1985, hubo un resurgimiento importante de actividades para preservar de forma pura esta herencia cultural de los grancanarios

En 1984 recibe el reconocimiento al “Mejor deportista autóctono de la provincia de Las Palmas”, que le fue entregado el 13 de abril de 1985 en un Homenaje que se le hizo en el Teatro Pérez Galdós  ese mismo año

En 1985 fue “Finalista mejor deportista autóctono del Archipiélago”.

En la actualidad la Escuela de Maestro Paquito Santana, llevada por sus hijos y discípulos más destacados continua en el Lomo el Cementerio de Telde, custodiando y enseñando el Juego Tradicional del Garrote.

 

Secundino Velázquez

Rita Romero

DERECHO  DEL  MAR  2016

¿Malos tiempos para el Derecho Internacional?

 

Corren malos tiempos para el derecho internacional. Muy malos; y eso es malo para Canariias, tan sensible siempre a cuanto pasa en el mundo. En tiempos de ahondamiento de las desigualdades no podía ser de otro modo: los fuertes se vuelven implacables contra los débiles. Y la OTAN es el matón más rudo de cuantos campean por los barrios de la aldea global.

Ese matón siente especial inquina contra aquellos que le hicieron fós en el pasado, tal como hizo Canariias al decir NO en el referéndum de 1986. Aquel miércoles 12 de marzo, el psocialismo ratificó el fraude de UCD, cuyo presidente de apellido guerracivilista, burlando a Adolfo Suárez, incorporó España el 10.XII.1981 a la pandilla del matón con sólo el 18% de apoyo social y un 52% manifiestamente en contra: típicas cosas de la democracia (orgánica) española.

Los poderes imperiales siguen siendo dueños del ring; y los poderes ex-imperiales le bailan el agüita a los matones imperiales nuevos, y así va la sociedad internacional. Si durante la guerra fría los países del Tercer Mundo lograron desarrollar un cuerpo de Derechos universales para gestionar las relaciones internacionales, hoy las potencias deshonran de múltiples modos ese corpus utilizando el mismo cinismo que usan en las relaciones económicas y financieras con sus algoritmos automáticos: burlando las reglas de juego para acaparar riquezas, sin repartir nunca.

Y ahora se han inventado un paraíso comercial por encima del mercado, los estados y los pueblos;  los socios transatlánticos –matrices de la City y Wall Street-, tienen casi firmado el tratado TTIP y adjuntos, que es un paraíso comercial efectivo, reservado a las multinacionales globales, puesto jurídicamente por encima de los agentes del mercado y los estados …y muy por encima de los pueblos.

España ha decidido seguir en todo esto a los matones, practicando la misma política cínica de los anglosajones en el contexto internacional: ante las reclamaciones de soberanía, se remiten a lo que deseen los pueblos, cuyas elites ellos se encargan de tener perfectamente de su lado en todo: una manipulación cínica del derecho de autodeterminación. Es lo que practican en Gibraltar o las Malvinas (que se haga lo que digan sus habitantes). ¿No recuerda esto a lo que hace España en Canariias, a través de PP-PSOE-CC y una dependencia estructural de la metrópoli? Así aseguran que esto sea España. Formas (pervertidas) de ser (de burlarse)…

A lo largo de décadas, un grupo en torno a Antonio Rodríguez de León gestionó, ayuntamiento por ayuntamiento y cabildo por cabildo, los documentos precisos para que nuestro Archipiélago exigiese en la sociedad de naciones unas propias Aguas Nacionales y Zona Económica Exclusiva de 200 millas náuticas, dentro de un estatuto de Plena Autonomía Interna –figura jurídica real y reconocida en el derecho internacional-; lejos de ello, España ha exigido hace poco una ampliación a 350 millas, con toda la jeta, de sus aguas en el Archipiélago… Ante lo cual, los políticos de la casta colonial han sabido mirar cínicamente para otro lado, al comprender que contradecir esto y apoyar aquello sería cimentar derechos de soberanía; y eso, perdone usted pero no. Ser algo más libres, responsables de nosotros mismos, perdone usted pero no. Son renegados hasta la abyección.

Y ahora con la revuelta flojita excitada por Podemos –que ataca todo menos a la casa real (qué casualidad)-, todo lo que el pablismo reconoce aquí es ciertos elementos de colonialidad, que es la vieja frase del godo: ‘anoto con todo cariño sus quejas y le contesto pronto’; ¡ay!, cuánto canario de servicio en la izquierda soplándole las salidas al verdugo! Así es como Canariias no ha sufrido en estos 500 años más que perder fueros, derechos, competencias, desarrollo y empleo. So-be-ra-nía –esa saludable mayoría de edad, tan necesaria para ser y saberse digno-.

Recientemente, a partir de una serie de revelaciones de hondo calado, el prestigio del minotauro capitalista –la corporatocracia yankee- está quedando tan en evidencia en todos los frentes, que la necesidad de exagerar un enemigo común para que el matón imperialista pueda fanfarronear en respuesta al desafío, se volvió urgente: el terrorismo internacional, o sea el derivado del golpe de estado en Libia y demás Primaveras de colores…; criminalidad musulmana de la desesperación, que ellos han engordado y financiado para complicar las cosas al bloque más grande del planeta, su némesis patológica: Rusia-China. Ahí es donde ha venido a sacar pecho de nuevo el muerto viviente depredador que es la OTAN.

…Y todavía creen que son ¡envidiados! Que son excepcionales, que son el futuro; ¡¿Cuál?!

Apestan a azufre –quizás por la pólvora de la que son obsesivos productores y esparcidores tácticos-. Así seguirán envenenándolo todo –los océanos, el espacio, los recursos-, y atomizando a la gente, incitando hacia una guerra medioambiental, económica, de desprecio a las reglas del juego para la supervivencia o el bienestar.

Los vándalos nunca ganarán limpiamente. Malos tiempos, ¡muy malos! Toca resistir, qué otra cosa?; Rendirnos, eso nunca.

 

Miguel Díaz-Reixa